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EL MENSAJERO NOE ES LA CUESTION, Y VAN IV - 2007/07/16 00:06 Con los socialistas se pierde el tiempo.- Crónica desde la barbacana
Eneko Gumuzio

No pudo decirlo más claro el portavoz jeltzale en el Congreso días antes del debate sobre el estado del Estado cuando equiparaba a Zapatero con Aznar a la hora de afrontar la relación con las
nacionalidades históricas. Toda una legislatura de complicidades, gestos, apoyos más o menos específicos para no comerse un colín.

No fueron pocos los que desde las filas jeltzales veían excesivamente arriesgada la política que se llevó a cabo a partir de 1999. Eso de plantear a cara de perro el problema vasco, reivindicar el derecho a decidir y la tensión política que todo ello conllevaba provocaba sudores fríos en los sectores más tibios del nacionalismo gobernante.

Una vez tomado el poder y desplazados quienes simbolizaban el Antiguo Régimen, como a algún chusco le gustaba denominarlo, comenzó la operación ciaboga dentro del PNV. Es significativo que la primera salida de Josu Jon Imaz fuera de Euskadi tuviera como destino Barcelona para compartir balcón con Maragall y Zapatero con ocasión de la toma de posesión del primero. De ahí a las risitas y bromitas con Rubalcaba poco después de que el Congreso rechazara sin discusión el Nuevo Estatuto Político vasco no había más que un paso.

El desarme ideológico vendría acto seguido. Del ser para decidir del pueblo vasco se pasa a la cosoberanía y a la seducción de España. La izquierda abertzale colaboró en la votación del Nuevo Estatuto y en la elección de Ibarretxe. De ahí a poco, son los socialistas los aliados parlamentarios en presupuestos y leyes aprobadas.

Llega el proceso de paz de 2006, ocasión de oro para volver a plantear el problema político vasco, aparcado una y mil veces por el poder español. Desde el minuto uno, el apoyo del nacionalismo oficial al inmovilismo de Zapatero fue evidente y la agresividad contra la izquierda abertzale mayor que la de los propios socialistas. No olvidemos que hasta el PP manifestó sentirse más a gusto con la actitud de Imaz que con la de Zapatero.

Semejante golpe de timón político no puede salir gratis. Desde 2004, las noches electorales son de caras largas entre la parroquia nacionalista, pero nadie pide explicaciones a quienes mandan. Y se
buscan otras razones: sea el radicalismo del Lehendakari, sean los alcaldes que no se trabajan a su electorado, sea la abstención que también va por barrios, estos cuatro años han supuesto volver a los lejanos años de Ardanza, no solo en las políticas, sino también a nivel de votos.

Con una diferencia: si antes se respetaba al PNV, ahora ese respeto parece haber pasado a mejor vida. Son multitud las localidades vascas en los que han surgido grupos "independientes" con la única misión de derribar al alcalde nacionalista de turno. Son muchos los militantes y simpatizantes nacionalistas que en voz baja opinan que aún no se ha tocado fondo.

Si a eso le sumamos que el PSOE está crecido, aunque electoralmente haya progresado más por deméritos ajenos que por méritos propios, el panorama no es precisamente tranquilizador. No pensemos que la tomadura de pelo de Puras en Nafarroa es una simple anécdota. No es que pasen de largo por el derecho a decidir de este pueblo. Ni siquiera admiten que el Estatuto de Gernika esté aún pendiente de completarse. La reivindicación estatutaria es "una cuestión de opiniones", según
Zapatero. Y no vamos a hablar del blindaje del Concierto Económico hasta que el capítulo quede cerrado, pero no tiene buen color. Y veremos cómo acaba el culebrón navarro.

No son pocos los opinadores nacionalistas que en prensa se preguntan el por qué de lo sucedido. Hay razones recientes, errores tácticos clamorosos que explican en parte el retroceso. Pero es curioso que algunos parezcan haber visto ahora un descenso que viene de tres años a esta parte, desde el momento en que se comienza a modular el tono político. Viene con el referendum de la Constitución europea, con las elecciones al Parlamento europeo, con la falta de apoyo al Lehendakari en el proceso de aprobación y discusión del Nuevo Estatuto. Visto en perspectiva, bajar el tono ante España es estéril por dos motivos.

Estéril porque nunca será suficiente para los poderes hispanos la renuncia de los nacionalismos. Nunca se será lo suficientemente leal al Estado y nunca se hará justicia a las reivindicaciones de los vascos y las vascas por miedo a que el cumplimiento de las mismas lleve a nuevas reivindicaciones.

Y estéril porque desaniman a los propios. Son miles los votantes que se han quedado en casa hartos de las gracietas de unos, la retórica vacía de otros y la falta de solidez política de los de más allá. Es tiempo de reflexión y de cambio. Porque si alguien sigue pensando que del acuerdo con los socialistas en las circunstancias y talante actuales se llegará a más altas cuotas de autogobierno y a un nuevo despegue electoral para el nacionalismo, que Santa Lucía le conserve la vista, pero que se la conserve lejos del sillón de mando.
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EL MENSAJERO NOE ES LA CUESTION, Y VAN IV
aritza 2007/07/16 00:06
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