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RECORDANDO AL EQUIPO "EUZKADI”

En momentos en los que como siempre Esait distorsiona por su desconocimiento de la historia y en los que se piensa en la posibilidad de poder agrupar a una selección nacional de Euzkadi es necesario recordar a aquella escuadra futbolística que paseó por todo el mundo la ikurriña.

José Abasólo Mendibil refresca la memoria sobre el hito deportivo que supuso la selección de Euskadi.

1013.09 Equipo Euzkadi en Moscú
Nos referimos a la Selecci
ón Vasca de Fútbol, o para más claridad, al equipo Euzkadi, el que habiendo salido al exterior en momentos muy críticos para el futuro del pueblo vasco -estábamos sumidos en cruel y salvaje contienda bélica desencadenada por los siempre enemigos de la paz social, del entendimiento popular y del respeto común-, sentó el pabellón deportivo vasco y por ende patrio, en lugar muy destacado, y su acción quedó registrada en los anales históricos, aunque para algunos parecería ser inexistente este hecho.

Se ha escrito algo sobre esta acción, si bien hemos observado que ha habido cierta tergiversación en cuanto a sus orígenes se referían

Los cuales surgieron por una circunstancia o azar de aquella maldita guerra. Sucedió así.


En las primeras horas de la tarde del día cuatro de enero de 1937, vivimos horas de angustia y excitación, cuando sobre el cielo de Bilbao se presentó amenazadoramente una bien nutrida patrulla aérea facciosa. La media docena de cazas que el ejército vasco contaba para su defensa precaria, se hicieron ver y enfrentándose cual minimizado David frente al engreído y soberbio Goliath, en lucha desigual pero con arrojo de sus vidas y deberes patrios, les obligaron a huir desordenadamente, no sin haber perdido uno de sus monstruos de fuego.

Fuimos testigos de este histórico combate aéreo desde la magnífica atalaya que ofrecía la terraza de la casa número 30 de la calle Colón de Larreátegui, esquina a la Plaza de Jado, en donde teníamos instalados los aparatos radiorreceptores para captar información para los periódicos "Euzkadi", "Excelsius" y "La Tarde". Hicimos la reseña de lo acaecido y añadimos, con el beneplácito de nuestro Director, aquel querido caballero y extraordinario periodista, don José Fernando de Albéniz, unas líneas en las que "La Tarde" abría una suscripción popular a todos los niveles, para recaudar fondos y poder ofrecer al Gobierno Vasco y a su Ejército -Euzko Gudarosteak -, un avión de guerra.

Desde las primeras horas del día siguiente comenzaron a afluir a la Redacción cientos de personas, de todas las condiciones sociales, edades y sexos, haciendo entrega de sus pequeños y valiosos tesoros, alhajas, joyas, recuerdos familiares, dinero, etc. En tres días llenamos de tal manera el zaku, que ante la enorme responsabilidad de custodiar el tesoro que el pueblo estaba confiando en nuestras manos, optamos por solicitar y entregar a un organismo oficial, aunque mantuvimos la campaña de promoción.

Este fue el primer paso. Seguidamente podríamos señalar que se organizó un partido de fútbol, en la “catedral” de San Mames, entre dos potentes selecciones, y fue tal el éxito, deportivo y económico, que no se dudó en repetir, semanas más tarde, con idéntico resultado.

La semilla había caído en tierra fértil y abonada, y así surgió la magnífica idea de la Selección Vasca de Fútbol, que bajo el nombre genérico de Euzkadi, saldría al exterior, como portavoz de un pueblo que rechazaba la brutal y traidora agresión de que era objeto. Tomó tal incremento que desde el lehendakari Agirre, todo el estamento oficial-político-deportivo, se puso en marcha. Se montaba con un plantel de jugadores, que era la flor y nata del fútbol de entonces; incluso hubo que hacer doloroso selección. Y, con el acompañamiento oficial de rigor, salió a Europa en su loable misión

Y si la memoria no nos es infiel a tanto tiempo, el primer encuentro que disputó la Selección Vasca -Euzkadi-, fue precisamente aquel aciago día 26 de abril de 1937, lunes, en el Parque de los Príncipes, en París, contra el equipo galo Racing, siendo su resultado final de un brillante 3 a 0 a favor de los colores vascos.

Después, actuarían en Toulouse, Cette y Marsella, igualmente con resultados favorables.

Pasarían seguidamente a Polonia, a disputar dos encuentros. El primero en la ciudad Katowica, partido que también se ganó, y el segundo fue "inexplicablemente" prohibido.

En la URSS, siguiente etapa, la Selección Vasca jugó nueve partidos, obteniendo un magnífico resultado positivo: se ganó 7, se empató 1 y se perdió uno.

Y de ahí, vistas las dificultades para desplazamientos por Europa, en términos políticos y quizás sarcásticos, se convino en dar el salto al Atlántico. Siendo México la primera nación que los recibió. Aquí se disputaron veinte encuentros, y las victorias fueron mayoritarias, e incluso el promedio 3,85 goles por partido, señala bien a las claras la realidad positiva.

Dieron un pequeño salto y se plantaron en la bella isla de Cuba, donde cumplieron con una serie de encuentros, cuyo resultado fue totalmente favorable para la enseña vasca.

Y había que cumplir con el compromiso sureño, acudiendo a disputar una serie que había sido selectivamente programada por los cinco grandes clubs argentinos. Pero al arribar a Buenos Aires, en medio de una extraordinaria expectación, se encontraron con la cruda realidad y desilusión, pues las maniobras maquiavélicas de personalidades españolas, etc., impidieron la celebración de los juegos contratados. No hubo manera de jugarlos, pues los tentáculos del sistema franquista habían sido certeramente dirigidos.

De retorno a México, el cuadro vasco jugó en Valparaíso un encuentro, contraviniendo las órdenes de la Federación Nacional de Chile, que también había caído en la trama facciosa. Este partido también lo ganó el equipo Euzkadi.

En su segunda etapa entre México y Cuba, los partidos celebrados sumaron nuevas victorias para los colores de la Selección Vasca.

La supremacía del fútbol vasco en aquellos gloriosos tiempos, había quedado bien sentada en los terrenos de juego y grabada en los anales del fútbol mundial, llamando fuertemente la atención de la crítica y de los aficionados a este deporte

Y así, ante nuevas dificultades que iban apareciendo, dado el final desfavorable de la contienda bélica, se llegó a la doloroso decisión de disolver la Selección Vasca y su equipo Euzkadi Los componentes pasarían a integrar potentes equipos de México y Argentina, a quienes les proporcionarían infinidad de tardes de gloria y sus fichajes siempre resultaron altamente positivos para los Clubs contratantes. Con el paso de los años, algunos retornaron a la patria, con el gusanillo de seguir calzando sus botas en casa, pero el sentirse fuera de un ambiente cálido del que se sentían un todo, regresaron al siempre doloroso exilio americano, en el que aún se mantienen.

Hoy, setenta años después de su salida de Bilbao a la diáspora futbolista, la lista de los que han ido pagando el tributo a la vida se va nutriendo.

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De los jugadores habrá que recordar a Gregorio Blasco, Rafael Egusquiza, Leonardo Cilaurren, José Muguerza Roberto Echeverría, Pedro Regueiro, Ángel Zubieta, Romas de Aguirre, José Manuel Urquiola, Josetxo Iraragorri, Ignacio Aguirrezabala y Guillermo Gorostiza.

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Así como los acompañantes oficiales, Ricardo de Irezabal, Presidente de la Selección, Manuel de la Sota, representante del Lendakari Agirre, Pedro Vallana, entrenador y administrador, Jokin Rezola, utilero, y Pedro Birichinaga, masajista.

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En México residieron los supervivientes de aquella histórica Selección Vasca, con la excepción de Isidro Lángara que regresó a su Andoain natal. Este grupo deportivo vasco-mexicano, anualmente se reunían en confraternidad acrecentada por los años de hermandad en rededor de Melchor Alegría, el "alma matter" de la Selección Vasca, quien hoy a sus noventa y pico años, sigue siendo el animador y eje de esa convivencia hermanada, humana y deportiva.

En el 50 aniversario, el día 25 de abril, al cumplirse el medio siglo del inicio de esta odisea deportiva, celebraron solemne misa en el templo de La Medalla Milagrosa, de la capital azteca, en recuerdo de los compañeros fallecidos.

Más tarde, se reagruparon y acompañados de sus familiares y amigos, tuvieron fraternal comida --convivio de hermandad-, que se deslizó como todas las anteriormente celebradas en el transcurso de tanto años, y van muchísimas, en recuerdo a los ausentes y añoranza de la "gran aventura". Estuvo presidida por el "padrecito" de la expedición, el entrañable compañero de Redacción, Melchor Alegría, quien hiciera gala, una vez más, de gozar de extraordinarias facultades mentales, poseer una memoria de ordenador, buen apetito y mejor humor “tximbero". Se hicieron rememoraciones de momentos y hechos sin olvidar los duros y difíciles por los que tuvieron que afrontar y superar

La alegría se desbordó y las canciones entonaron el ambiente un tanto sentimental  y  emotivo.   Acudieron  entre otros, los Regueiro -Luis y Tomas- Larrinaga, Aedo, Emilio, Sabino Aguirre, Pablito etc

Esta es a grandes rasgos una de las facetas de nuestra historia de un ayer, todavía muy reciente, bajo el colorido deportivo y la enseña patria.

José de Abasolo Mendibil

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